Pasivos, Ansiosos y Masoquistas

Hoy voy a hablar de los errores más comunes que veo al momento de conseguir que el entrenamiento se conviertan en un hábito. Recordemos que este no es una opción para estar más saludable sino una necesidad biológica indispensable para alcanzar la plenitud.

Hace más de 11 años que me dedico a esto y a veces siento que estoy encerrado en un loop infinito, condenado a ver siempre las mismas historias que a pesar de cambiar de intérpretes no deja de repetirse. Suena depresivo pero la realidad es que siempre son historias que terminan mal. Tuve algunos éxitos y por suerte hay un montón de gente que me viene siguiendo hace años, pero la realidad es que lo que más eh cosechado en esta profesión han sido fracasos al momento de conseguir que las personas se adhieran a un programa de entrenamiento y que este pase a ser parte de su vida.

Seguramente tenga la culpa yo en muchos casos, pero esta siempre es compartida, por eso hoy voy a describir ciertos personajes con características al momento de pensar y de encarar el entrenamiento que inevitablemente terminan abandonando.

LOS PASIVOS:

Hay personas que llegan al gimnasio con la actitud del que va a la peluquería, a estos personajes les encantaría que el entrenamiento se parezca un poco a eso. Les encantaría poder sentarse en una máquina y empezar a dar indicaciones. “marcame los abdominales, levantame un poco más la cola..”

Y nada está más lejos de entrenar, los beneficios que puedan obtenerse son siempre resultado de un trabajo en equipo del entrenador y el entrenado. Este tiene que asumir un papel proactivo, tiene que entrar con la actitud de quien va a una escuela, de quien quiere aprender un oficio.

Uno tiene que estar atento a las explicaciones, primero ver como se ejecutan las distintas técnicas, luego hacerlas a conciencia, percibiendo, sintiendo, registrando lo que se está haciendo. Tengo que tener ideas, por lo menos básicas, de cuáles son los objetivos de las distintas partes de la clase, de los distintos ejercicios. Tengo que saber cuánto peso levanto o cuantas repeticiones puedo hacer, si hace falta hay que ir llevando nota. Si hace falta hay que preguntar.

Entrenar es un oficio, (algunos dicen que es un arte) que como todo oficio tiene sus secretos y los resultados llegan más fácil cuando el entrenado empieza a conocerlos, esto obviamente lleva mucho trabajo y mucho más tiempo.

LOS ANSIOSOS:

Estas son personas que siempre están apuradas, ya sea por sacarse el entrenamiento de encima como por obtener resultados, y casi siempre las dos cosas al mismo tiempo. Quieren todo ya, esperando obtener lo que buscaban para no volver a hacerlo nunca más.

Por lo general no respetan las pausas entre series o los días de descanso, entrenan de lunes a viernes (solo por un tiempo) esperando de esta manera acelerar los resultados. Los ansiosos sufren un exceso de fututo, siempre están con la mente adelante, pensando en los planes que organizaron para después del entrenamiento en vez de concentrarse en lo que están haciendo. Los ansiosos entrenan por temporadas, con distintos objetivos, llegar al verano, entrar en un vestido, siempre estos objetivos están adelante y siempre importan más que el proceso.

Siempre están deseosos de que les des el mejor ejercicio, de encontrar el método perfecto, pero no porque tengan la curiosidad que le falta a los pasivos, sino porque están siempre en busca de atajos y esto los lleva a estar todo el tiempo cambiando de gimnasios de entrenadores y de métodos, sin terminar nunca de confiar en el proceso, sin entender que no hay método ni entrenadores ni ejercicios mágicos, sin entender que los resultados inevitablemente los da el tiempo.

LOS MASOQUISTAS

Estos últimos son mis preferidos, son los más divertidos de ver, lamentablemente por cuestiones obvias son los que menos dura, se terminan quemando en el mejor de los casos y lastimando en la mayoría. Los masoquistas manejan por lo general una tremenda culpa, culpa por comer de más el fin de semana, culpa por haberse abandonado durante años y darse cuenta en los primeros entrenamientos el deterioro de su cuerpo. Y buscan en el entrenamiento una especie de castigo.

Por lo general son víctimas de eslogan como, “construí tu mejor versión” “la competencia es con uno mismo” “rompe tus límites”. Y buscan romper, derrotarse, matarse entrenando con la esperanza de resurgir como el ave fénix mejorados, bellos, deseables. Siempre quieren agregarle más peso, hacer la versión más difícil, por momentos se parecen a los ansiosos, pero mucho más peligrosos para ellos mismos, ya que ellos no abandonan, siguen hasta que es imposible seguir haciéndolo.

Los masoquistas no entienden que entrenamiento no siempre más es mejor, y que no tiene sentido si quiero mejorar mi casa, tirarla abajo para volver a construirla. Espinoza (filosofo del siglo XVII) va a decir que el cuerpo existe según como lo sentimos. Si todo el tiempo estoy intentando levantar más peso del que puedo me voy a sentir débil, si todo el tiempo estoy haciendo cosas para las que no estoy preparado, voy a sentir que mi cuerpo es inservible. En cambio, si yo quiero un cuerpo fuerte, móvil y bello (si entendemos a la belleza como algo que refleja lo que un cuerpo puede) debo buscar estímulos que me permitan sentirlo así, ya que este no existe según lo que me pueda decir otro (a veces un espejo) si no que existe solo en la medida en que lo siento.

Sé que el entrenamiento es en parte una búsqueda de incomodidad, un proceso que no va a ser fácil y que va a requerir de nuestro esfuerzo. Pero esto no tiene por qué ser un castigo. El entrenamiento es principalmente un acto de amor propio. Siguiendo con Espinoza él nos va hablar del conatus, como esa fuerza que es esencial en todos los seres y que los empuja a esforzarse en permanecer y expandirse en su ser. Entrenar es un acto de amor propio en el que voy a buscar elevar mi potencia, lo que ya soy. Para eso es necesario conocerse y conocer los procesos (ser activo) confiar en el proceso y sobretodo quererse a uno mismo, el que no entrena no se quiere.

Prof. Agustín Hormanstorfer

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